La realidad me enseño la verdad; lejos de modificarse mágicamente a mi antojo; la verdad me incito a luchar, a convertirla dentro de mis posibilidades en aquella que se adaptase a mis deseos.
Recogí todo aquello que encontré por mi camino y lo utilice, solo por seguir respirando, por seguir entendiendo cual era mi meta en aquel lugar en el que me hallaba.
A veces encontré el puro frio y silencio, la soledad, el abandono; pero, aun sin darme por vencido escalé; sitúe mis manos estratégicamente sobre aquellos ladrillos que débilmente sobresalían para ser alcanzados , ascendí hasta lograr ver aquel halo de luz, hasta sentir que mi respiración se hacia menos pesada y mis ilusiones por tocar aquello que anhelaba retomaban su color. De nuevo la dirección se tornaba con sentido único, totalmente lucida.
Es entonces, en ese preciso momento cuando te aproximas a tus deseos, se convierten en algo tangible, puedes decirte a ti mismo que casi lo has conseguido.
En definitiva , tras ese largo reguero de lucha y de dudas por fin decodificaste las voces de tu yo real; ese que casi es incapaz de emitir sonido porque se encuentra amordazado por ese exterior árido que pisas, por el miedo; por ti mismo.